MINDFULNESS Y LA TRAMA DE LA VIDA




Una de las ideas claves de la práctica del mindfulness, y de otras tradiciones contemplativas, es la de vivir el momento presente: “Ser conscientes de lo que acontece en cada momento y a cada momentosin los filtros de las preocupaciones y los recuerdos, sin las reacciones emocionales automáticas”.  Esta afirmación en el presente, no pocas veces viene acompañada de la idea de que el presente es lo único que existe: el pasado ya no está y el futuro aún no ha llegado (ni sabemos cómo llegará). Desde esta perspectiva, centrarse en el presente cobra todo el sentido.
Sin embargo, la propia decisión de estar aquí y ahora, practicando mindfulness (o meditación vipassana, o yoga…), se origina en algún momento del pasado y tiene por objetivo estar bien ahora, y estar bien luego, esto es, en el futuro. Y es más, si aceptamos la inexistencia del pasado y del futuro, no nos queda más remedio que aceptar la inexistencia del presente. A día de hoy sabemos que el tiempo tal y como lo concebimos no existe. La estructuración de los acontecimientos en pasado, presente y futuro es una construcción mental sin ningún significado para la ciencia, como nos enseñó Einstein. “El mundo no sucede, simplemente existe, dice el matemático Herman Weyl. La flecha del tiempo la ponemos nosotros. Somos los arqueros que permiten que el Universo tenga una historia con pasado, presente y futuro” (Eduardo Martínez)
La ciencia aún no ha cerrado la cuestión del tiempo, pues tras los hallazgos revolucionarios de la primera mitad del S XX (La física cuántica y la relatividad especial), en el último tercio del S.XX  Ilya Prigogine introduce nuevas concepciones ligadas a la termodinámica, según las cuales “todo discurre realmente del pasado al presente y del presente al futuro de manera inevitable e irreversible” (Eduardo Martínez).
En todo caso, “ya seamos los arqueros del universo que ponemos la flecha del tiempo, como decía Einstein, o ya seamos parte de la corriente de irreversibilidad que cruza el universo, como dice Prigogine, la vida nos desborda y conduce por senderos en los que el tiempo emerge más como una cultura que evoluciona con nuestros conocimientos, que como uno de los fundamentos metafísicos del mundo real” (Eduardo Martínez).
¿Y cómo incide todo esto en la experiencia mindfulness? Creo que la clave está en la idea más arriba expuesta: “la vida nos desborda…”. Centrarse en el momento es una idea-experiencia que para cada persona adquirirá características bien diferenciadas. La forma de sentir el presente, el momento, es una experiencia única de cada quien y en cada momento, que puede incluir más o menos cantidad de pasado y de futuro en ese momento presente. Es lo que se llama “el presente expandido” (Hedmund Husserl, 1887). La experiencia del momento no puede desligarse de lo que nos ha llevado al momento ni de lo que cultivamos en ese momento. “la vida nos desborda…”  Aceptar este hecho y situarnos con conciencia plena en la trama de la vida, ser unidad con la totalidad, ser presente con el pasado y el futuro…Pero ¿Es posible esto? ¿Cómo podríamos lograrlo, si es que podemos?
 La meditación nos propone un primer paso ineludible: calmar nuestra mente. Aislarnos de la multiplicidad de estímulos que nos distraen y nos llevan de un sitio a otro y de un tiempo a otro sin el control de nuestra conciencia. También nos propone reconocer nuestras sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos para poder desentramar y ordenar el  sistema reactivo a lo que sucede, dándole control y direccionalidad. Y la observación de la respiración es la llave que abre la puerta que inicia estos procesos.
La neurociencia contemporánea describe la evolución de los mecanismos de regulación de la vida desde las disposiciones biológicas simples pero efectivas de los seres sin cerebro, hasta las complejas interacciones de la conciencia con el mundo. La evolución y desarrollo del cerebro humano está ligada a la evolución de la mente y posteriormente de la conciencia, como un logro más refinado de los mecanismos de regulación de la vida. La superposición de la conciencia sobre la mente exigía de la existencia de lo que Antonio Damasio llama un “proto si mismo”, un “sí mismo central” y un “sí mismo autobiográfico”, es decir, unos mecanismos que le informan al cerebro de un marco de referencia estable y sin pertubaciones del cuerpo (proto sí mismo), que se ve alterado por la interacción de los sucesos que se dan fuera del cuerpo (sí mismo central) y con cuyo relato construye experiencias, conocimientos…una biografía que le permite al cerebro crear una identificación referenciada al propio cuerpo, a su historia y al mundo que habita (sí mismo autobiográfico). Esta superposición evolutiva de mente hacia conciencia compleja va ligada al desarrollo anatómico del cerebro. Una de las técnicas que Antonio Damasio propone para desentramar la superposición de estas estructuras evolutivas, es la introspección. “entre los muchos niveles del sí mismo, los más complejos tienden a oscurecer el enfoque de los más simples, sobre todo porque dominan nuestra mente con un exuberante despliegue de conocimiento. Pero podemos tratar de superar la ofuscación natural y sacar partido de toda esa complejidad ¿Cómo? Haciendo que los niveles complejos del sí mismo "observen" lo que ocurre en los más simples. Se trata de un ejercicio difícil y no exento de riesgos. Y aunque puede que la información facilitada por la vía de la introspección sea, como hemos visto, equívoca, vale la pena asumir ese riesgo, pues la introspección ofrece una visión, la  única directa, de lo que nos proponemos explicar” (Antonio Damasio “Y el cerebro creó al hombre” ).
La observación de la respiración y del cuerpo que propone la meditación ( mindfulness y vipassana) es una forma de conectar con ese proto sí mismo que es marco de referencia de estabilidad corporal. Es ahí donde nos desprendemos de las ideas, de la cultura y de las perturbaciones que éstas generan. Pero no debemos olvidar que estas perturbaciones forman parte de cada persona. Y que el objetivo no puede ser sustraerse a ellas, si no ordenarlas y aprender a relacionarnos con ellas. La observación de la respiración, unida a la observación de las modificaciones que los pensamientos y sentimientos producen en ese marco estable que es el proto sí mismo, mediante la introspección, pueden generar conocimiento sobre la forma en que nos relacionamos con nuestro interior, y también con el resto del mundo. Y desde ese conocimiento vivencial, explorar las posibilidades de realizar los ajustes necesarios para una mejor gestión de nuestra vida.
La vida y su regulación, no nos olvidemos, el objetivo final de todo este entramado. Y la regulación de la vida pasa por la conciencia de integración en una trama más amplia y compleja de la que formamos parte: la trama de la vida. Y la apertura a esa integración, la conciencia de pertenencia a esa trama, la aceptación de los límites de nuestro papel en la trama, la exploración de cuáles son en realidad esos límites…Desde la paz interior de cada quien, establecer la paz con el mundo ¿Es esa la clave?